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La Democracia Participativa vs. La Democracia Representativa

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Ante la crisis de credibilidad institucional que padecemos en todo el país, hay quienes erróneamente proponen la toma del poder y quienes se espantan por lo radical de ese planteamiento. El poder no se puede tomar como si fuera un objeto, el poder ES del pueblo, lo que se podría y se debería tomar son la instituciones en donde se ejerce el poder delegado del pueblo porque estas ya no responden a las necesidades de la sociedad.  

Si las instituciones no sirven para satisfacer las reivindicaciones de la comunidad, del pueblo o de los movimientos sociales, entonces debemos avocarnos a transformarlas.  Como dice el catedrático, investigador, filósofo; Enrique Dussel, hay que conservar lo sostenible, eliminar lo injusto, crear lo nuevo.  

Sólo podremos lograr tan importante objetivo si vemos todo a través de una mirada crítica y comprometida en apego al cumplimiento de las exigencias normativas de legitimidad democrática.

La principal norma de legitimidad democrática es la participación real, no ficticia, de la población, por lo que construir una democracia participativa se vuelve fundamental.  Lamentablemente la clase política ha ejercido un creciente monopolio del ejercicio del poder delegado del Estado por medio de los partidos políticos ignorando con ello, que el pueblo es el único poseedor verdadero del poder.  Convierten la democracia representativa en una farsa al servicio de intereses económicos y políticos de unos cuantos ignorando la voz del pueblo.

Mandar obedeciendo, entonces, tendría que ser la premisa exigida a quienes ocupan un puesto de decisión en cualquier nivel de gobierno, conscientes de que si no existe el ejercicio delegado obediencial del poder institucional no se podrá cambiar el mundo injusto en el que vivimos.  Para logarlo es indispensable construir una democracia participativa, por lo que se torna urgente abrir el juego político permitiendo la praxis permanente de la sociedad civil y de los movimientos sociales.  Crear  instituciones paralelas de abajo hacia arriba, sería la consigna.  

La democracia participativa se convierte en la única alternativa de futuro para todas y todos, para hacerla realidad, es necesario romper la apatía de la población.

Lograr la participación consciente de las mayorías, es el mayor reto, ya que nos enfrentamos al control que ejerce la clase política quien por medio de la corrupción al amparo de la impunidad manda un mensaje permanente de desaliento y desesperanza, que a ellos conviene.

Mientras esta realidad en la que vivimos todos los días no cambie, el próximo proceso electoral, será un momento coyuntural sin futuro para nadie.

El PAN ha demostrado insensibilidad, corrupción y poca capacidad de gobernar. El PRI ha bañado en sangre nuestra patria y si corrupción e impunidad tuvieran un nombre seguramente ese sería:  Enrique Peña Nieto.  El partido Morena ha sacrificado sus principios que eran su principal baluarte, con tal de asegurar, según ellos, llegar a los puestos de decisión. Los partidos pequeños, se adhieren como sanguijuelas a los partidos grandes para recuperar o no perder el registro que les permita seguir viviendo del erario público, no importa si sus raíces de izquierda tienen que confundirse con aquellos planteamientos de derecha o ultra derecha que les arrebataron a sus compañeros de lucha en tiempos pasados.

Buscaron nombres rimbombantes para tapar la indecencia: México al Frente, que es la coalición PAN-PRD-MC. Juntos haremos historia, coalición MORENA-PT-PES. Todos por México, coalición PRI-VERDE-PANAL.  

Mientras… mi país se está desmoronando entre las manos de todas y todos.  No nos engañemos, la única verdadera alternativa es la organización social, el cambio tendrá que venir de abajo hacia arriba o no vendrá.

 

Alicia Colchado Ariza

Presidenta,

Desarrollo Comunitario para la Transformación Social, A.C.